Aprendiendo a Vivir

"Nunca Pierda la dulzura de su carácter"

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sábado, 28 de marzo de 2020

NOSOSTROS LOS DE LA POBLACION EN RIESGO



Pertenezco a una población en riesgo en la época del coronavirus. ¿Qué significa esto? Significa que soy un problema, entre otras cosas. Soy un problema porque puedo contagiar a alguien o porque puedo ser contagiado de alguien, en cualquier forma. Pero poco a poco he ido entendiendo la cara buena de esta mala noticia. Y es que, por ser un adulto mayor, como se dice de manera elegante, los supermercados han dispuesto un horario preferencial para nosotros, lo que quiere decir que solo se permite entrar a esos lugares a horas determinadas y previo la presentación de la cédula.  

Estoy obligado a permanecer todo el tiempo, dentro de las cuatro paredes de mi casa debido a la presente pandemia (quiero decir que estoy muy a gusto dentro de ella), y creo que la situación se agrava y según las declaraciones de las autoridades de salud todo va a ponerse peor en los próximos días.  

 Es interesante llegar a la mayoría de edad y descubrir que se es parte de la sociedad, en la clasificación de “población de riesgo”, es decir, que puedo causar problemas apenas alguien se me acerca. Casi toda la vida había creído que yo no era un sujeto que causaba problemas a nadie. Pero esto ha sido desmentido a raíz de la pandemia del coronavirus. Sí, causo muchos problemas y por eso debo permanecer aislado, lejos del contacto con gente. Soy una víctima potencial (término que usan las autoridades) que puedo contagiar con solo estar en contacto con un niño, o con un adolescente, por el solo hecho de hablarle o de acercarme a alguien a más de un metro de distancia.  

Y yo que pensé, que a medida que me acercaba a la edad adulta iba a convertirme en una persona sabia, o cuando menos, experimentada que tuviera por ese sólo hecho muchas cosas que enseñar a los niños, a los adolescentes y a quienes quisieran oírme.  


No obstante, ahora que estoy en la curva descendente de la edad, pero ascendiendo en la curva de la madurez creo que hay noticias muy buenas: la franja de los adultos mayores de hoy, hemos alcanzado el punto más alto de la existencia, y por haber nacido a comienzos de la década del 50 pertenecemos a una generación que ha sido muy sana, segura, protegida, longeva, mejor vestida, caballerosa, alimentada y mejor cuidada que muchísimas otras.  

Es indudable que no han faltado, en nuestra generación, épocas de tristeza, abatimiento, preocupación, desasosiego, desilusión e incertidumbre, pero también han surgido, al mismo tiempo, grandes oportunidades para enfrentar el cambio y sobreponerse a las tragedias individuales y colectivas.  

Hoy, nosotros los mayores, los de la población de riesgo, tenemos la oportunidad de sacar de nuestro archivo de experiencias, las enseñanzas aprendidas en épocas de dificultad y, con la ayuda de Dios siempre, compartirlas desde la ventana virtual de nuestro confinamiento por pandemia, para provecho de quienes ahora viven o sobreviven en una época, en la que hacen mucha falta las decisiones simples pero profundas, firmes pero equilibradas, inmediatas pero con sentido de eternidad.  Cuando en la desesperación se llega a no saber que hacer, entonces es cuando Dios empieza a intervenir a través de la fe, que actúa de manera preferente en los días de desesperación. Uno de los ejemplos más heroicos del poder de la fe en Dios, para vencer la desesperación que produce la carencia de posibilidades, la tuvieron Abraham y Sara su esposa, los patriarcas bíblicos, adultos muy mayores y, aún hoy, es tiempo propicio para que todos lo comprobemos.  

miércoles, 2 de octubre de 2019

ESCUCHAR LO QUE NO SE DICE



Negociar es una actividad esencial y permanente del ser humano, que no se puede separar de él, por formar parte de su naturaleza. Es una función como comer, dormir, hablar, reír y caminar. No es exageración. En el origen de la humanidad, Adán y Eva cometieron graves errores de negociación básica, cuando se dejaron llevar por la astucia de la serpiente (personificación del mal), que les guio a tomar la desastrosa decisión de violar la prohibición establecida en el pacto entre Yahvé y ellos, con lo cual perdieron su patrimonio espiritual, su posición terrenal privilegiada y, como consecuencia, todos sus derechos como ciudadanos predilectos del Edén. Posteriormente, uno de sus hijos, Caín, siguiendo el mal ejemplo de sus padres, procuró reducir el impacto del castigo y obtener ventaja, al negociar con Yahvé Dios, desde su desventajosa posición, cuando fue descubierto el brutal crimen que le había ocasionado a su hermano Abel.

Para saber negociar es necesario saber comunicarse. No es lo único, pero de todos los elementos que participan en la negociación, la buena comunicación es el elemento estrella para lograr buenos resultados.

Un importante elemento de la negociación exitosa, es aprender a escuchar y saber traducir e interpretar todos los signos de comunicación verbal y no verbal que se presentan en la comunicación significativa. Si bien es cierto que las palabras son el componente primario de toda comunicación humana, sean estas habladas o escritas, también lo es el hecho que lo que no se dice, es el factor que puede inclinar siempre una negociación a nuestro favor, cuando se utiliza de forma adecuada y oportuna.

Peter Drucker, el conocido gigante de la filosofía de los negocios del siglo XX dijo una vez que lo más importante en una negociación es escuchar lo que no se dice.

La comunicación no verbal, es decir, los gestos, las miradas y los silencios son elementos de la comunicación que, como es bien sabido, pueden llegar a expresar mucho más que las palabras. Y es que lo que no se dice está cargado de significado, que a la postre es el detonador que impulsará el resultado positivo o negativo de la negociación, de acuerdo a la buena o mala percepción e interpretación que hagamos de él.

Saber escuchar lo que se dice e interpretar los silencios y los gestos de lo que no se dice, constituyen las fuentes de poder en la negociación pues nos permiten adelantarnos en el conocimiento del otro, sea un interlocutor o una audiencia.

Las nuevas tecnologías no solo son un concepto, sino que son una nueva herramienta que nos hace la vida más sencilla y, por lo tanto, nos hace más productivos y eficaces. No obstante, en materia de comunicación, parece que la tendencia es que seamos más independientes, es decir menos sociables y, por ende, menos comunicativos. Si esto es cierto, y yo lo afirmo, la comunicación viva-oral, y, sobre todo la comunicación que no se dice, está siendo desperdiciada, como instrumento vital en la búsqueda y logro de coexistencia social.

El principal problema que nos impide entrar en razón acerca de la gran utilidad de esta poderosa herramienta, es el desconocimiento de lo útil y práctico que es este recurso. La manera de hacernos conscientes de él comienza paradójicamente, cuando reconocemos la verdadera importancia del lenguaje verbal. La regla de oro es: “No basta con hablar, es necesario saber hacerlo”. Si somos buenos y eficaces en el uso de nuestro lenguaje verbal, mucho más lo seremos en el lenguaje no verbal.


viernes, 15 de marzo de 2019

Versión Completa. Conocer el cerebro para vivir mejor. Facundo Manes, ne...



miércoles, 30 de enero de 2019

CONTACTO



Nunca hemos estado tan conectados, pero para muchas personas, entre las cuales me incluyo, esta es la era de la soledad.

Si pudiéramos medir con exactitud la intensidad de los cambios en el orden social en el que nos movemos, uno de los mayores cambios que contiene a su vez un gran peligro en la forma en que vivimos, ha sido el gran aumento en la cantidad de personas que viven solas.

Hay que distinguir entre soledad y aislamiento. Estoy convencido que lo que algunos llaman “la soledad positiva” es necesaria y hasta indispensable para el trabajo creativo. Yo conozco no pocas personas que disfrutan estar solas, y yo también lo disfruto, pero por pocos momentos, hago la aclaración.

La exclusión social y el aislamiento, tanto social como individual, no son buenos. No es bueno que el hombre (y la mujer, por cierto) esté solo, dicta el principio bíblico, en el cual se basa otro no menos fundamental, y que se expresa en términos simples: El ser humano fue creado para estar en relación con los demás. Esto es socialización. Los seres humanos somos criaturas sociales y estamos hambrientos de contacto. Sin él, podemos, literalmente morir.

Hacer contacto, tener conexión, lograr interactuar, son sinónimos de estar vivo, según algunos especialistas. Y no solo de estar vivo, es síntoma de estar sano. La interacción positiva es buena para la salud y para todo lo demás. Un artículo en la revista Science en 1988 señaló que "las relaciones sociales, o la falta relativa de las mismas, constituyen un importante factor de riesgo para la salud, rivalizando con el efecto de factores de riesgo de salud bien establecidos como el tabaquismo, la presión arterial, los lípidos sanguíneos y la obesidad".

"Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga para su trabajo. Porque si cayeren el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”. Eclesiastés 4:9-10

domingo, 20 de enero de 2019

EL COMODAZO CEREBRO



Resulta más cómodo estar mal informado que buscar la verdad de lo que ha ocurrido. El principal obstáculo para conocer la verdad de un suceso es suponer que se sabe todo con solo oír la primera versión. En la era que vivimos, conocida como la era de la información y la tecnología, resulta cada día más complejo determinar la veracidad de los hechos que nos cuentan las agencias informativas, los medios de comunicación, las redes sociales y hasta la personas comunes y corrientes que caminan a nuestro lado. Para conocer la veracidad de cualquier hecho hay que tomar tiempo para investigar y, además, saber hacerlo. La avalancha de información que circula en todos los campos de la vida cotidiana, pública y privada, está eliminando los espacios de investigación y análisis serio y concienzudo. Cada día el ciudadano común está más propenso a contaminarse con el virus de las falsas verdades que circulan a su alrededor.  Investigar la veracidad de los sucesos significa que, para mantenerse alejados de todo tipo de temores, miedos y fatalismos infundados, producidos muchas veces por las medias verdades transmitidas a diario por los medios de comunicación, las redes sociales y las personas desinformadas, es indispensable desarrollar buenos hábitos de aprendizaje. Saber preguntar, hacerlo a la persona autorizada, esperar antes de decidir impulsados por la presión, tomarse el tiempo para pensar y para construir argumentos sólidos antes de tomar partido en cualquier discusión, son algunos elementos básicos que, practicados reiterada y oportunamente, contribuirán a la búsqueda y encuentro de la verdad objetiva que vive en medio de nosotros, pero que no se deja conocer a simple vista. 
El cerebro humano sigue siendo materia de investigación excepcional por parte de los científicos y, aún dista mucho tiempo para que dicha investigación finalice. Si el cerebro ha sido hecho por el Dios Creador y Eterno, resulta obvio concluir que es infinito el verdadero potencial del funcionamiento de este maravilloso órgano. 


Por lo pronto se sabe, gracias al avance de la ciencia especializada, que el cerebro es bueno para aprender globalmente, pero no es amigo de los detalles. Es decir, al cerebro humano le resulta fácil y cómodo enterarse de una situación de manera general y amplia, pero hay que enseñarle a trabajar en los asuntos que requieren cuidado, investigación, análisis y esfuerzo. El cerebro es un “comodazo” y hay que enseñarle a trabajar, encauzándolo mediante el señalamiento de las condiciones de operación, método, y que lo haga de manera concentrada, repetida y persistente. La repetición y la persistencia son los métodos más eficaces para el aprendizaje y desaprendizaje de hábitos de conducta, que el cerebro requiere para el logro de la armonía funcional del proceso de producción, conocido bíblicamente como renovación de la mente:  el intelecto, las emociones y el producto final: la voluntad. 

domingo, 28 de octubre de 2018

LA POST-VERDAD



A muchas personas les resulta más interesante estar informado que buscar y conocer la auténtica verdad de lo que ocurre. Esta es una condición que la sociedad de la tecnología en la que vivimos, nos ofrece, para vivir en ella cómodamente, sin sobresaltos, sin tener que experimentar pérdidas irreparables o grandes desilusiones, en nuestra manera de pensar, valorar y creer. 
La información ha desplazado al conocimiento, desde hace mucho tiempo. Lo ha hecho de forma sutil, periférica, casi anodina, por medio de la sustitución. 
Sustituir es reemplazar el original por una imitación, que por buena que sea nunca será igual al original.
Sustituir es un hábito convertido en un valor social, que goza de aceptación en todas las esferas sociales, y que es el resultado de la búsqueda y hallazgo de verdades rápidas, fáciles, creíbles y, sobre todo, que sean de aplicación práctica e inmediata. 
Estamos viviendo la época de la post- verdad, es decir, la época en la cual la verdad se está sustituyendo por la percepción que se tenga de esa verdad. Lo que cuenta no es conocer la realidad sino la percepción que cada uno tenga de ella. 
Ahora se dice que realidad es percepción, por tanto, lo que importa es cómo el sujeto ve el objeto, no el valor propio, intrínseco del mismo. ¡Cuánto error puede producirse en ese camino amplio y sin filtros, que convierte toda información en verdad! 
En la época aciaga de la Segunda Guerra Mundial, Gobbels, el ministro de Información de Hitler, estableció su estrategia favorita, que llegó a conocerse como: si dices una mentira y la repites siempre, al final terminará convirtiéndose en una verdad. 
Existen las verdades eternas y las que no lo son. La verdad relativa, es decir aquella que necesitamos entender y experimentar sobre las cosas del día a día se puede sustituir porque depende de la percepción que cada uno tenga de ella, hasta que se compruebe, y en caso de que no resulte cierta, la pérdida que nos causa no es grave o irreparable, en la mayoría de los casos.  
Las verdades eternas dan origen a valores eternos. Se pueden sustituir, pero no se pueden invalidar. El amor, la bondad, la misericordia, la benignidad, la humildad, la paciencia, son algunos valores que nacen de verdades eternas y que trascienden el tiempo y el espacio. No se pueden cambiar ni se podrá hacerlo. Se sustituirán por otras, pero aquellas prevalecerán por su condición de eternidad. La verdad absoluta no es un tema de consideración o construcción humana. La verdad eterna es una persona: Jesús. Él dijo: Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.  
La verdad da libertad. Somos libres cuando conocemos la verdad. Aún hoy existen verdades que no han podido ser cambiadas a pesar de todo lo que se ha intentado.  Son verdades eternas. Absolutas. 
La vida más allá de la muerte. Esta es una verdad que tiene que resolverse ahora y no admite ninguna sustitución que la distorsione. Se resuelve cuando el ser humano reconozca su condición limitada de ser pensante y acepte que Alguien debe darle una mano. Ese Alguien es Aquel autor y consumador de verdades eternas, que trascendió a la muerte y vive por la eternidad: Jesucristo.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Y USTED ¿CUÁNTOS AMIGOS TIENE?




“Y usted ¿cuántos amigos verdaderos tiene? Unos cuantos, tan pocos que los puedo contar con los dedos de la mano y me sobran dedos”. Muchas veces he hecho esta pregunta y he obtenido la misma respuesta. Pero ahora, en la edad mayor, la pregunta hay que resolverla sin postergación porque el asunto pasa a ser algo más que un tema coloquial, o filosófico, para convertirse en una necesidad básica e imprescindible. 
El reto más importante de la vida del adulto mayor es aprender a socializar, aprender a relacionarse, aprender a tener amigos, porque a estas edades, la amistad tiende a desaparecer por varias causas: muerte, distanciamiento, cansancio, incomprensión, enemistad, y la peor de todas, a mi juicio: la indiferencia. Dicen los expertos que a partir de los 30, las personas mayores se vuelven más selectivas en cuanto a las amistades. Ellos creen que es debido, principalmente, a que la escala de valores del adulto, tiende a tornarse más sólida, porque se sabe muy bien las cosas que gustan y las que no, y el criterio que se utiliza es, si las otras personas comparten el gusto por las mismas cosas y no el compromiso. Por otro lado, influye de manera determinante, en el proceso selectivo de la amistad entre adultos, la disponibilidad e incondicionalidad de tiempo real. La incondicionalidad implica el reconocimiento implícito de cierta vulnerabilidad que el otro esté allí aun cuando los tiempos y las obligaciones apremien y no se vaya a tener ocasión de actuar en consecuencia. “El que cubre la falta busca amistad. Mas el que la divulga aparta al amigo”. Proverbios 17.9
Parece ser que la clave para hacer amigos es darse a conocer sin reservas, sin ventajas y sin condiciones. La Biblia menciona que el amor filial es la esencia de la amistad, la misma que se tiene entre seres queridos, sean consanguíneos o no. Desde luego, no es fácil darse a conocer a cualquier edad, sobre todo en la edad adulta y es por eso que los mejores amigos se hacen desde la niñez, pero nunca es tarde. “El que quiera hacer amigos debe mostrarse amigo”
Aún hoy me preocupa, en cierta forma, que alguien me pregunte: ¿Cuántos amigos tienes? Al mirar hacia atrás encuentro la respuesta, perdida en medio de la historia: los tuve, los he tenido, pero con el paso del tiempo, los he perdido. Y ahora, necesito trabajar en la búsqueda de amigos entre los adultos, como yo. 
En una rápida búsqueda online sobre la amistad encuentro un artículo titulado Friends of a Certain Age, que Alex Williams ha publicado en el New York Times, y este declara las dificultades para hacer amigos después de cierto número de años. El autor nos pasea por algunas listas de intereses comunes que pueden unir a la gente como por ejemplo el mismo círculo social, que los padres de los amigos de nuestros hijos se vuelven nuestros amigos, que hay grupos de internet que buscan encontrarse para compartir la soledad y crear lazos.
Creo que la amistad profunda se construye sobre la base de la visión conjunta, es decir, que los participantes en el ejercicio, compartan la visión por la que orientan la vida, el trabajo, la familia o el esparcimiento. Sin embargo, la máxima satisfacción se puede lograr, cuando la visión avanza más allá, que la simple autorrealización, que planteaba Abraham Maslow en su teoría de las realizaciones humanas (1943) y que gran parte de los estudiosos en estos temas, acogen como un modelo de análisis sobre el comportamiento y el desarrollo humanos. 
La verdadera amistad es una especie de entrega incondicional al otro, aún a costa de perder lo propio en beneficio del amigo o amiga. El padre y la madre saben muy bien de esta entrega, cuando aprenden la verdadera naturaleza de la paternidad. Lo mismo puede decirse de los esposos, o los hijos, cuando experimentan el verdadero amor por sus padres. La esencia sublime y total que lleva a la divina culminación de la amistad suprema, la brinda Aquel que entregó a Su hijo, Jesucristo, para que todo aquel que Él crea no se pierda, más tenga vida eterna.